Viendo a un hombre en la tele mi mamá me dice que no le gustan los hombres con bigote. Acto seguido me pregunta: ¿tu papá trae bigote ahorita?
Lo mejor es que no le supe contestar, sólo le dije "no sé" y empezamos a reír muchísimo.
Así es el amor, amas a la persona sin importarte que se vea como no te gusta que se vea la gente o que haga lo que no te gusta, ya ni lo notas. Ya vives con la persona y la amas en un sentido tan teórico que nada importa.
Mis papás tienen el talento de hacerme sentir mosca o third wheel cuando salgo con ellos y aún le provocan a mi hermana adolescente el tenerles que pedir incómoda que no se besen.
Mis papás tienen treinta años de casados, han pasado de todo y continuado juntos a pesar de todo, aunque yo tuve momentos en la vida en los que de verdad me pregunté ¿por qué no se divorcian y ya? ellos me demostraron que aunque el nuevo manejo del mundo te enseña a desechar tan pronto algo parezca no servir, las verdaderas pruebas de amor vienen con el paso del tiempo, las relaciones nunca van a dejar de crecer, y al pasar esas pruebas, cada una hará más y más fuerte a la relación, esa rutina de la que todos hablan cuando se habla del matrimonio cambia y se transforma en algo asombroso si ambas personas ponen de su parte para superarlo.
No sólo mi papá venció al cáncer, mi mamá lo venció junto con él.
No digo que sean la pareja más perfecta, eso no existe, aún tienen peleas inacabables, las cuales siempre tornan alrededor del mismo problema, que son como un dejá vu constante cada domingo. Todos nos sabemos la dinámica de su pelea dominguera, y como pareja lista para una ancianidad terca, ambos buscan ganar cada domingo.
La mayoría de los divorcios suelen ser explicados a la corte por "diferencias irreconciliables", bullshit, como pareja es tu deber reconciliarlas, aceptarlas y vivir con ellas hasta que la muerte los separe, porque si algo me han enseñado muchos matrimonios que he visto a lo largo de mi vida es que sí se puede.
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