domingo, 18 de agosto de 2013

Actos desinteresados

La primera vez que escuché el término actos desinteresados, en una edad cuyos recuerdos ya son parte de mi aunque selectiva, siempre útil memoria fue en quinto o sexto de primaria, edad en la cual ya decidía bastante no ponerle atención a la información que me llegara por mera adolescencia.

A pesar de mis inicios adolescentes, este término captó mi atención y me puso a pensar y filosofar bastante en el tema; veía yo en ese momento un episodio de FRIENDS, el episodio en el que Phoebe se ve en la necesidad de demostrar, por su orgullo, que en verdad podía cometer actos desinteresados, cosa que para empezar, aunque cometiera el acto desinteresado, el primer interés primordial de por medio, era demostrar que ella era ese tipo de persona linda que no conoce de egoísmos, lo cual lo hacía un acto interesadamente desinteresado.


El día de hoy, yo cometí un acto desinteresado, muy, muy desinteresado, tan desinteresado que no me hizo sentir nada bien, nada bien: le cedí mi canción de boda a mi hermano para el montaje que iban a pasar en la fiesta. 

Existe la enorme posibilidad de que no sea usada, y eso me molesta aún más, el hecho de que sea rechazada por sugerencia de otras canciones por otras personas que sólo están tirando canciones cliché al aire y no renunciando a "su canción de boda". Aún, si no llegara a ser usada, no me sentiré bien. Una, porque no fue apreciada. Dos, porque como ya la ofrecí no podré usarla jamás.

Se dice que toda mujer planea su boda desde pequeña. En mi caso, yo no tengo idea del tipo de boda que quiero, ni de cómo quiero que sea mi peinado tampoco cómo quiero que sea mi vestido, no estoy segura si quiero banda o DJ, no sé cuál sería mi presupuesto ideal, ni qué tipo de centro de mesa, ni siquiera tengo a la persona ideal con la cual me quiero casar visualizada, en verdad, yo no tengo esa lista de características de cosas que busco en el hombre con el cual planearé pasar el resto de mis días, pero definitivamente sí sabía qué canción debía ser la de nuestro primer baile.

Para mí, renunciar a la canción es como renunciar al nombre que planeé para mis hijos, es del tipo de cosas que me pone muy celosa o muy mal si algún conocido me lo gana.

A pesar de que me gustaría tener un niño primero, primogénito al cual no le tengo un nombre aún, ya había decidido que el nombre de la primera hija que tuviera sería: Emma; casualmente, el mismo día en el que renuncié voluntariamente a la canción de mi boda, en una reunión familiar, me enteré que una prima dará a luz en enero, y que decidió que "Emma" será el nombre de su segunda hija, entre todos los malditos nombres existentes, tuvo que escoger ése, maldigo a FRIENDS, a la película de One Day o a Jane Austen por ponerle en la cabeza a futuras mamás tal nombre. También maldigo a las mujeres que se inspiran en cosas de moda para escoger los nombres de sus hijos. 

Yo sí tenía una muy buena razón para ponerle así a mi hija, una razón diferente, desde el año 2001, yo tenía once años entonces, pero ya renuncié a tal deseo. Ambas elecciones, tanto la canción como el nombre, lo único que tenía planeado para mi futuro soñado, ha sido descartado, lo que significa que tendré que buscar nuevas opciones o dejarle esa tarea a mi futura pareja y ceder a lo que él deseé. O darnos la oportunidad de decidirlo todo en pareja, cosa que ahora que lo pienso no suena nada mal, me gusta, especialmente por aquello de verme con alguien y no terminar sola, fantasía que, ahora parece más lejana e irreal que la idea misma de que alguien leerá algún día este maldito blog.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Y tú, ¿cómo lo ves?