Mi experiencia quirúrgica fue una cosa muy difícil para mí y mi fobia, y quiero platicarla, porque no quiero nunca olvidar cada uno de los detalles de ella, cosa espantosa ver cómo se te acercan con cosas puntiagudas a los ojos, y pues como son los ojos ni modo que no lo veas, es horrible.
Primero se vienen los análisis, necesitan ver que sí seas candidato apto para cirugía, una vez que esté aprobado, vas a hablar de precios con tu médico, en mi caso el precio fue de $12,000, ambos ojos.
Se da la fecha de la cirugía, te vas en ayunas, sin químicos en el rostro, cara lavada, no perfumes, a mí no me lo mencionaron, pero tampoco me puse productos para el cabello después de bañarme. Sí usé desodorante, todo bien.
Después llenas una forma y firmas todo acerca del pago de la cirugía, pagas. Te dan el pantalón, camisa, zapatos y gorro con tela de bata de hospital para que te desvistas y las uses de inmediato. Una vez vestida, te dan unas hojas en las que te explican en lo que consiste la cirugía, puros tecnicismos, no como lo que yo estoy por describir, el formato también incluye todo eso que puede salir mal y el cómo estás consciente de básicamente TODO lo que puede salir mal.
Lo leo, el miedo comienza a apoderarse de mí, mal, fuera de mi fobia, estoy segura que cualquiera entraría en estado de paranoia al leer tales afirmaciones de lo que puede ocurrir como consecuencia. Desde todas las formas en las que puede salir mal y ser en vano, también las formas en las que puedes quedar peor, en las que algo puede salir muy muy mal y por lo tanto necesitar una cirugía para librarte de eso y aún así no tener la posibilidad de recuperarte hasta los muchos casos en los que terminas con pérdida total de la vista. Tampoco se hacen responsables de las figuritas que veas con el sol, el encandilamiento y al cerrar los ojos. No podía evitar sentir inquietud por el pensar en el que yo la podía regar moviendo el ojo para el lado incorrecto y arruinarlo todo, el simple hecho de pensar que la negligencia fuera mía y no culpa del doctor y de sus asistentes me asustaba bastante.
Después de firmar al tranquilizarme con la idea de que es un muy buen doctor, que operó ya a mis tías, abuelita, y que varios amigos y conocidos habían pasado por eso y nada había salido mal. Vino una de las asistente y me limpio el contorno del ojo con algo que parecía yodo, el propósito era desinfectar absolutamente el área, a partir de ahí, queda prohibido tocarte la cara, y la palabra prohibido te hace querer tocarla más. De pronto sientes una comezón en la naríz y un pedacito de algodón húmedo con el que quitaron el exceso del líquido desinfectador, les pedí ayuda con eso, todo bien.
Me ponen unas gotitas y me dejan esperando unos 10 minutos que para mí parecieron una eternidad, mis ojos se empiezan a sentir dormidos. Llegan por mí para pasarme a quirófano, los nervios vuelven, pero intento controlarme y sonrío y saludo a todos los que estarán presentes en la cirugía.
Me siento en la camilla, me ponen otras gotas mientras cierro los ojos y les complico ésa tarea tan simple, supongo que ellos saben qué tan difícil va a ser la persona desde ése simple detalle del cómo se dejan aplicar las gotas.
Piden que me acueste, la cabeza bien acomodada en el respaldo diseñado para eso, muy cómodo por cierto, van directo al grano, una parte de mí esperaba, no sé, que esperaran algo más de tiempo por si las gotas no han surtido efecto, en fin a lo que van, me pegan con una cinta que, espero sea especial, para pegar a mis queridas, adoradas y largas pestañas. Después procedieron a ingresar a mi ojo un artefacto que impediría yo cerrara mi ojo, ésa creí yo sería la tarea más difícil, porque lo fue, mi ojo derecho lucho por escupir tal artefacto y no dejar que lo ingresara ésa cosa tan extraña, dolió, no en ése momento, pero después de la cirugía vi la importancia de cooperar con los médicos.
En el frente se veía una luz roja y una verde, a los costados, luces blancas. La regla era ver siempre la luz roja.
Después vino mi peor pesadilla, lo que parecía ser una jeringa directamente dirigida a mi pupila, fue horrible, también luché, la asistente, no me permitía tal comportamiento, y con voz dulce pero firme y decidida a la vez, sabía darme las instrucciones para cooperar, por ejemplo me decía que no empuñara mi mano y que soltara la cabeza poco a poco, que no apretaba la quijada y que abriera el otro ojo para que éste cediera mejor, funcionó. En verdad no sé para que era esa cosa puntiaguda que acercaron a mi ojo, no sé si lo inyectaron, si era una pluma indicadora para coordenadas, si era la cosa que disparaba el láser, pero lo que sí sé es que de toda la cirugía, ésa parte fue mi menos favorita. La luz roja se empañó y se vio muy difuminada, encandilada y aguadita.
Lo que siguió fue que metieran y otra cosa a mi ojo, como del tamaño de mi globo ocular, era como un hule negro.
También tenía una conexión eléctrica al aparato, etc. Al principio, como era de esperar, me puse difícil para dejar que lo metieran, pero descubrí que si hacia ambos ojos saltones en el momento en el que lo iban a meter, todo era más sencillo y menos doloroso. No más luces.
Aunque sea difícil de creer tuve una parte favorita durante la cirugía, y fue lo que continuó. Todo se puso negro, antes de preocuparme por tal oscuridad y pensar que igual y así iba a ser el resto de mi vida si me quemaban la retina, les pregunté si era normal no ver nada, me dijeron que sí. Me tranquilicé, me hicieran lo que me hicieran, no lo podía ver, no sabía cuánto duraba la cirugía, pero deseé que esa parte fue la única restante. Se veía un diseño muy padre con movimiento, como un gif psicodélico a blanco y negro, yo veía un fondo negro con líneas diagonales hacia la derecha e izquierda blancas y delgadas cruzándose entre sí para formar rombos y más rombos. Empecé a oler como agüita quemadita y el soundtrack era la enfermera diciendo coordenadas en voz baja, el doctor diciendo sí y un bssst constante del sonido láser. Terminaron, quitaron el aparato, y todo me encandilo, volví a ver una cosa puntiaguda dirigirse a mí, pero todo se veía muy agüiadito como para que me asustara mucho, la luz verde y roja estaban absolutamente difuminadas, la cosa puntiaguda que acercaron zumbaba e imaginé que estaba drenando mi ojo, porque poco a poco vi mejor, aunque no sé si fue por el llanto natural del ojo. El doctor traía una clase de toallita como de un centímetro de ancha y comenzo a limpiar mi ojo, me lo cubrieron y dijeron, eso es todo con el derecho, necesitamos de tu cooperación para el segundo, ya sabes de qué se trata y es más delicado. El ojo izquierdo es el ojo que ya tenía operado, y el más ciego.
Pasó lo mismo, sólo que mejor y más rápido, cooperé mucho más, ya había aprendido la técnica de saltar el ojo y abrir el otro, al terminar, el oftalmólogo me dijo que me veía a las 12:30, me pusieron protección en cada uno de los ojos, ellos le llaman concha, es un semicírculo transparente con tres hoyitos cortados de forma diagonal en el plástico, me pusieron dos, pegadas con cinta, estilo ante todo. Según me dijeron yo ya podía abrir los ojos si quería. Me volví a vestir con mi ropa, a mi papá le dieron dos pastillas una para ahorita y otra para dentro de dos horas.
Eso de poder abrir los ojos es complicadísimo, decido estar con los ojos cerrados, me suben a una silla de ruedas, no por estar con los ojos cerrados sino por la convalecencia y poco esfuerzo que debes hacer. Yo no puedo con mi vida, especialmente con mi ojo derecho, sé perfectamente que fue mi culpa, el izquierdo no duele nada, sólo está muy muy encandilado. El derecho por su parte está encandilado, lloroso y duele, duele mucho, duele doble, porque duele en la esquina derecha del ojo y diele en la parte media, una parte de mi imaginó una pestaña ahí. No podía entender cómo el doctor me quería ver en tres horas, ¿qué le pasa? yo voy a necesitar más de tres horas para recuperarme. Mis papás salen a desayunar, me dejan a dormir en el coche. Algo pasó en ésa siesta, algo mágico, al despertar ya podía abrir los ojos bien, no dolor en la pupila, ya sólo sentía lastimada la orilla. El izquierdo como si nada.
Fui a revisión, comprobé cómo ya veía mucho mejor, le hice preguntas, me dijo los cuidados, me recetó unas gotitas y listo.
Eso fue todo.
Primero se vienen los análisis, necesitan ver que sí seas candidato apto para cirugía, una vez que esté aprobado, vas a hablar de precios con tu médico, en mi caso el precio fue de $12,000, ambos ojos.
Se da la fecha de la cirugía, te vas en ayunas, sin químicos en el rostro, cara lavada, no perfumes, a mí no me lo mencionaron, pero tampoco me puse productos para el cabello después de bañarme. Sí usé desodorante, todo bien.
Después llenas una forma y firmas todo acerca del pago de la cirugía, pagas. Te dan el pantalón, camisa, zapatos y gorro con tela de bata de hospital para que te desvistas y las uses de inmediato. Una vez vestida, te dan unas hojas en las que te explican en lo que consiste la cirugía, puros tecnicismos, no como lo que yo estoy por describir, el formato también incluye todo eso que puede salir mal y el cómo estás consciente de básicamente TODO lo que puede salir mal.
Lo leo, el miedo comienza a apoderarse de mí, mal, fuera de mi fobia, estoy segura que cualquiera entraría en estado de paranoia al leer tales afirmaciones de lo que puede ocurrir como consecuencia. Desde todas las formas en las que puede salir mal y ser en vano, también las formas en las que puedes quedar peor, en las que algo puede salir muy muy mal y por lo tanto necesitar una cirugía para librarte de eso y aún así no tener la posibilidad de recuperarte hasta los muchos casos en los que terminas con pérdida total de la vista. Tampoco se hacen responsables de las figuritas que veas con el sol, el encandilamiento y al cerrar los ojos. No podía evitar sentir inquietud por el pensar en el que yo la podía regar moviendo el ojo para el lado incorrecto y arruinarlo todo, el simple hecho de pensar que la negligencia fuera mía y no culpa del doctor y de sus asistentes me asustaba bastante.
Después de firmar al tranquilizarme con la idea de que es un muy buen doctor, que operó ya a mis tías, abuelita, y que varios amigos y conocidos habían pasado por eso y nada había salido mal. Vino una de las asistente y me limpio el contorno del ojo con algo que parecía yodo, el propósito era desinfectar absolutamente el área, a partir de ahí, queda prohibido tocarte la cara, y la palabra prohibido te hace querer tocarla más. De pronto sientes una comezón en la naríz y un pedacito de algodón húmedo con el que quitaron el exceso del líquido desinfectador, les pedí ayuda con eso, todo bien.
Me ponen unas gotitas y me dejan esperando unos 10 minutos que para mí parecieron una eternidad, mis ojos se empiezan a sentir dormidos. Llegan por mí para pasarme a quirófano, los nervios vuelven, pero intento controlarme y sonrío y saludo a todos los que estarán presentes en la cirugía.
Me siento en la camilla, me ponen otras gotas mientras cierro los ojos y les complico ésa tarea tan simple, supongo que ellos saben qué tan difícil va a ser la persona desde ése simple detalle del cómo se dejan aplicar las gotas.
Piden que me acueste, la cabeza bien acomodada en el respaldo diseñado para eso, muy cómodo por cierto, van directo al grano, una parte de mí esperaba, no sé, que esperaran algo más de tiempo por si las gotas no han surtido efecto, en fin a lo que van, me pegan con una cinta que, espero sea especial, para pegar a mis queridas, adoradas y largas pestañas. Después procedieron a ingresar a mi ojo un artefacto que impediría yo cerrara mi ojo, ésa creí yo sería la tarea más difícil, porque lo fue, mi ojo derecho lucho por escupir tal artefacto y no dejar que lo ingresara ésa cosa tan extraña, dolió, no en ése momento, pero después de la cirugía vi la importancia de cooperar con los médicos.
En el frente se veía una luz roja y una verde, a los costados, luces blancas. La regla era ver siempre la luz roja.
Después vino mi peor pesadilla, lo que parecía ser una jeringa directamente dirigida a mi pupila, fue horrible, también luché, la asistente, no me permitía tal comportamiento, y con voz dulce pero firme y decidida a la vez, sabía darme las instrucciones para cooperar, por ejemplo me decía que no empuñara mi mano y que soltara la cabeza poco a poco, que no apretaba la quijada y que abriera el otro ojo para que éste cediera mejor, funcionó. En verdad no sé para que era esa cosa puntiaguda que acercaron a mi ojo, no sé si lo inyectaron, si era una pluma indicadora para coordenadas, si era la cosa que disparaba el láser, pero lo que sí sé es que de toda la cirugía, ésa parte fue mi menos favorita. La luz roja se empañó y se vio muy difuminada, encandilada y aguadita.
Lo que siguió fue que metieran y otra cosa a mi ojo, como del tamaño de mi globo ocular, era como un hule negro.
| Estaba relleno pero la parte del hueco había una hundidura que se adapta perfecto a la forma de tu globo ocular. |
Aunque sea difícil de creer tuve una parte favorita durante la cirugía, y fue lo que continuó. Todo se puso negro, antes de preocuparme por tal oscuridad y pensar que igual y así iba a ser el resto de mi vida si me quemaban la retina, les pregunté si era normal no ver nada, me dijeron que sí. Me tranquilicé, me hicieran lo que me hicieran, no lo podía ver, no sabía cuánto duraba la cirugía, pero deseé que esa parte fue la única restante. Se veía un diseño muy padre con movimiento, como un gif psicodélico a blanco y negro, yo veía un fondo negro con líneas diagonales hacia la derecha e izquierda blancas y delgadas cruzándose entre sí para formar rombos y más rombos. Empecé a oler como agüita quemadita y el soundtrack era la enfermera diciendo coordenadas en voz baja, el doctor diciendo sí y un bssst constante del sonido láser. Terminaron, quitaron el aparato, y todo me encandilo, volví a ver una cosa puntiaguda dirigirse a mí, pero todo se veía muy agüiadito como para que me asustara mucho, la luz verde y roja estaban absolutamente difuminadas, la cosa puntiaguda que acercaron zumbaba e imaginé que estaba drenando mi ojo, porque poco a poco vi mejor, aunque no sé si fue por el llanto natural del ojo. El doctor traía una clase de toallita como de un centímetro de ancha y comenzo a limpiar mi ojo, me lo cubrieron y dijeron, eso es todo con el derecho, necesitamos de tu cooperación para el segundo, ya sabes de qué se trata y es más delicado. El ojo izquierdo es el ojo que ya tenía operado, y el más ciego.
Pasó lo mismo, sólo que mejor y más rápido, cooperé mucho más, ya había aprendido la técnica de saltar el ojo y abrir el otro, al terminar, el oftalmólogo me dijo que me veía a las 12:30, me pusieron protección en cada uno de los ojos, ellos le llaman concha, es un semicírculo transparente con tres hoyitos cortados de forma diagonal en el plástico, me pusieron dos, pegadas con cinta, estilo ante todo. Según me dijeron yo ya podía abrir los ojos si quería. Me volví a vestir con mi ropa, a mi papá le dieron dos pastillas una para ahorita y otra para dentro de dos horas.
Eso de poder abrir los ojos es complicadísimo, decido estar con los ojos cerrados, me suben a una silla de ruedas, no por estar con los ojos cerrados sino por la convalecencia y poco esfuerzo que debes hacer. Yo no puedo con mi vida, especialmente con mi ojo derecho, sé perfectamente que fue mi culpa, el izquierdo no duele nada, sólo está muy muy encandilado. El derecho por su parte está encandilado, lloroso y duele, duele mucho, duele doble, porque duele en la esquina derecha del ojo y diele en la parte media, una parte de mi imaginó una pestaña ahí. No podía entender cómo el doctor me quería ver en tres horas, ¿qué le pasa? yo voy a necesitar más de tres horas para recuperarme. Mis papás salen a desayunar, me dejan a dormir en el coche. Algo pasó en ésa siesta, algo mágico, al despertar ya podía abrir los ojos bien, no dolor en la pupila, ya sólo sentía lastimada la orilla. El izquierdo como si nada.
Fui a revisión, comprobé cómo ya veía mucho mejor, le hice preguntas, me dijo los cuidados, me recetó unas gotitas y listo.
Eso fue todo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Y tú, ¿cómo lo ves?