Mi primera entrada al blog se debió a que se celebraba el primer año de la vez que me atropellaron y nada pasó, sí, resulta que también con ésta entrada me doy cuenta que tengo muy buena memoria para las fechas de eventos malos y dentro de mi mala suerte existe la buena suerte de salir ilesa y sólo con el susto.
Si han visto la película de Bordertown, de Jennifer López, la cual se trata del fenómeno de las muertas de Juárez, lo que estoy por contarles les parecerá familiar, ya que cuando yo la vi hasta lloré de darme cuenta de lo que me pudo haber pasado, sé que estoy exagerando pero, para mí, es como de esos momentos en los que esquivas la bala y te pones a clavarte mal plan en el hubiera y en plan forever.
Hace dos años, salí con mi prima y un amigo al cine y luego a Wings, como no tenía coche y salimos ya algo tarde, le pedí que me dejara en la parada del tren, en donde después de 3 estaciones más tendría que tomar otro camión para llegar a mi casa, según yo, no era tan tarde, pero resulta que sí lo era, llego a la parada y había milagrosamente un camión estacionado, nos dijo a mi y a otro que llevaba rogándole no sé cuánto tiempo, que ya no iba a ninguna parte, que su ruta había acabado, hicimos una cara que al parecer le dio lástima y dijo que lo más que podía hacer por nosotros era llevarnos al fin de esa avenida, que era un muy buen paro para mi, me daba tiempo de hablarle a mi hermana a que pasara por mi a la universidad que estaba en el lugar prometido, que quedaba relativamente cerca de mi casa, el otro que subió le pidió parada antes de llegar al lugar prometido, el conductor, como buen cuasi-taxista, me hacía plática, y contaba cómo no le gusta dar ese tipo de aventones una vez que termina el turno, que uno de sus compañeros fue asaltado por ser buen samaritano por un tipo que vestía de traje, ya que al parecer nunca debes desconfiar de alguien que parece tener más dinero que tú, todo bien, parecía muy buena persona, poco antes de llegar al lugar prometido me preguntó hacia dónde iba, y le dije dónde usualmente me bajaba, me mencionó que él iba hacia el mismo lugar, sólo que tenía que cambiar de rumbo por un rato y ponerle gasolina. Ése es el momento en el que la decisión tomada lo cambia todo, dije sí.
Al topar con la avenida, dio vuelta a la derecha, donde se supone que debe ir a la izquierda. Silencio. Pero bien, ¿quién necesita llenar silencios? en lo personal me llega a ser algo cansado cuando los chóferes buscan cualquier tipo de tema trivial sólo por no estar callados. Llegó a la gasolinera, pero antes me volteó a ver de una forma diferente, su semblante había cambiado por completo, saqué mi celular y tenía listo el teléfono para hablarle a mi hermana, yo sabía que no había vuelta atrás, ya le había dicho que sí, y está vez no tenía idea de en dónde estaba, quería que viera que estaba hablando con alguien, que alguien iba a saber dónde estoy y que alguien me espera, tan pronto se bajó miles de cosas pasaron por mi mente, me dí cuenta de mi estúpido error, ¿cómo pude confiar tan fácil?, neta me vi muy provinciana, cosa que soy, el tipo de la gasolinera era más grande de edad, y estaba todo grande, de altura y robusto, el que iba manejando, no, era joven y delgado, en lo que marcaba, comencé a fijarme en todos esos detalles que debía describirle a mi hermana, y mientras escuchaba la conversación que tenían ambos, al parecer el conductor había estado recientemente en una pelea y tenía un ojo moreteado, estaba contándole al otro muy feliz su hazaña, mientras el otro de la gasolinera me veía muy fijamente. Como pueden notar por mi redacción, mi paranoia ya estaba en su punto máximo, me fijé en cada detalle del camión, el número del camión estaba en la funda de la palanca, en el salpicadero había una imagen de cristo con la frase "nada es imposible", había un tenis de bebé en el pasamanos derecho del pasillo, tipo como los zapatos viejos en el cableado de la película de Big Fish.
Mientras tanto escondí un billete en mis boobs, un celular en mi espalda baja o casi coin slot y mi ipod en la parte del vientre dentro del pantalón, ya que pensé: si él piensa hacerme algo, máximo será robarme y bajarme al momento, no creo que se atreva a más, *tos* ¡provinciana! *tos*, y ya que tengo dos celulares y le iba a dejar el mejor y el que no tenía saldo, todo bien.
Mi hermana no contestaba, fue hasta el tercer intento, justo cuando el conductor se dirigía al camión, que contestó, le dije a mi hermana, con voz temblorosa, que si podía ir por mi a, y ni siquiera pude terminar de decirle, cuando ella me empezó a gritar que estaba loca, que no iba a estar ahí para cuando se me ofreciera y demás cosas bien pinche culeras, que pensé: si sí me pasa algo, se va a arrepentir de que ésa hubiera sido la última vez que hablara conmigo; el tipo ya estaba arriba y listo para conducir, me volteó a ver con la misma mirada vacía con la que me había visto antes de llegar a la gasolinera y encendió el motor, yo sonreí cómo si la persona con la que estuve hablando me hubiera dicho algo muy lindo, y dije: ¡claro!, ya te dije cómo voy de camino y no tardo en llegar, ahí nos vemos, adiós, y colgué.
Ahora un mapa del lugar, de la ruta que tomó el camión y la ruta que debió haber tomado.
| *click* |
La línea roja es la normal, la que no incluye gasolinera o bodeguitas industriales en la noche, la azul, es la que tomó, como pueden ver, es totalmente innecesaria y sospechosa, en fin, yo cada vez lo vi más serio y sospechoso, igual y era trip mío, pero que alguien me explique cómo es que es más óptimo tomar el camino que tomó, en fin, él recibió una llamada, todavía recuerdo su tono de David Guetta, en mi mente, ésa llamada, me salvó. Él repetía y repetía que no tardaba, se quedaba callado, fruncía el ceño y decía, "ya voy", como evadiendo la explicación de en qué lugar se encontraba, bueno, es mí teoría, preguntó qué había de cenar y, le juró y juró a la persona que le hablaba, que ya estaba muy cerca del lugar y que no tardaba nada, me dejó dónde había quedado y le agradecí, llegué a mi casa.
Lloré por tres días seguidos, día y noche, hasta llegué a llorar estando sola, pero con gente a mi alrededor en las jardineras de la universidad, cabrón, mal, y del tipo de cosas que estaban en mi lista de formas en las que no me permitiré perder la dignidad; no le hablé a mi hermana, y única roomie, por 2 semanas, todavía le tengo algo de rencor a mi hermana, digo, estoy escribiendo ésto y es segundo aniversario; próximo aniversario usaré algo de lo que también salí ilesa y era muy peligroso, como mi primera vez, si es que logro hacer que coincida o recordarlo, lo que sea que pase primero.
Ése día experimenté lo más cercano a un heartbreak, por ella, neta, me sentí traicionada y me di cuenta de lo poco que podía contar con ella, siempre había sido así, pero ése día caí en cuenta de eso. Créanme, un corazón roto por algún familiar supera muchísimo a un corazón roto de tu ex-pareja, es horrible.
El kicker es, que al día siguiente, de camino de la universidad a mi casa, volví a estar en el mismo camión, con el tenis pequeñito colgado, la frase "nada es imposible", distinto chófer; y adivinen qué: lloré, no, pero sí me puse en plan forever, tan así que, el haber estado allí, de nuevo, justamente el día siguiente, fue como algún tipo de señal, desde entonces, el número de ése camión, el 1199, representa algo, no sé qué, para mi.
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Y tú, ¿cómo lo ves?